A finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, destacó en nuestro país la música criolla, la cual es el reflejo de nuestra mixtura y diversidad. En ella se ve claramente cómo se han condensado las diferentes razas y costumbres de nuestro país.
En la Lima antigua, era costumbre escuchar y bailar la zamacueca, el tondero y la marinera. Manuel Zanitelli, nos dice lo siguiente acerca de la marinera:
“Predomina en su música el elemento español, presente en giros melódicos y en lo fundamental de su ritmo, aunque es innegable cierta influencia negroide…” (Zanutelli: 1999)
Hay que resaltar que hay una fuerte influencia negra en nuestra música popular, la cual empieza a marcarse en los tiempos coloniales pero se hizo más fuerte en el siglo republicano.
Por otro lado, tenemos al popular Vals peruano. Para conocer un poco acerca de la historia del mismo debemos tener en cuenta sus antecedentes, y estos se remontan al concepto de Waltz. El Waltz o vals (Walzer en Alemán) significa girar y deriva de los landler, danzas montañesas y rústicas del sur de Alemania y de Austria, bailadas (en los siglos XII y XIII) en un lento compás de tres tiempos, con las parejas que giraban en el sitio . Adicionalmente, tomando como referencia a Manuel Acosta Ojeda, quien es un compositor de importantes valses peruanos y, a la vez, estudioso de la música popular, cuenta que el Vals de Viena llegó a Lima en el siglo XIX, aproximadamente en 1850, pero que en Arequipa ya conocían al Vals por el año 1815. Por otro lado, se sabe que el "Vals Vienés" había empezado a hacerse conocido y extenderse a finales del siglo 18, pero es a inicios del siglo 19 que el vals vienés fue introducido en Inglaterra. Las tropas de Napoleón Bonaparte lo llevaron a Francia a inicios del siglo 19 y de allí empezó a extenderse por toda Europa. Fue recién en el siglo 19 cuando el vals vienés alcanzó su consagración máxima con Johann Strauss (padre) y Josef Lanner a quienes consideran los creadores del vals.
Ya introducido el vals en el Perú va tomando un estilo propio y particular. Alonso Cueto en su libro “Valses, Rajes y Cortejos” nos cuenta en qué se basaban los memorables valses peruanos y la fuerte presencia de las lamentaciones:
“En muchos valses, sabemos la historia de alguien que sufre y se somete a un destino, escuchamos retratos del enfermo y el oprimido, cantos convertidos en gemido y queja. Sus letras expresan con frecuencia el gesto elegante de un sentimental que ha inclinado la cabeza frente al destino. El vals (…) no quiere cambiar el mundo (…) es una lamentación esbozada de dulzura, de ternura y de ironía festiva en medio del dolor (…)” (Cueto:2005)
Al mismo tiempo, el autor relata brevemente sobre su origen diciendo que se sabe muy poco acerca de este pues existen muchos datos sueltos. Aparentemente, hay una polémica sobre su origen, donde algunos creen que fue por la llegada de las zarzuelas a comienzos del siglo, antes de la aparición del vals vienés.
Una de las figuras más destacadas de esta corriente es Felipe Pinglo Alva (1899-1937) quien logra que el vals peruano consiga una gran difusión popular y, al mismo tiempo, es considerado padre de la música criolla. Entre sus obras destacadas están "El Plebeyo", "El Huerto de mi Amada", "Mendicidad", "La Oración del Labriego", "Sueños de Opio", "El Canillita", "Pobre Obrerita", "Pasión y Odio", "Rosa Luz", "El Espejo de mi Vida", "Hermelinda", "Bouquet", "Amor Traidor", "Melodías del Corazón", "Celos", entre otros.
Bibliografía
CUETO, Alonso. Valses, rajes y cortejos (2005) Ediciones Peisa. Lima, Perú
En la Lima antigua, era costumbre escuchar y bailar la zamacueca, el tondero y la marinera. Manuel Zanitelli, nos dice lo siguiente acerca de la marinera:
“Predomina en su música el elemento español, presente en giros melódicos y en lo fundamental de su ritmo, aunque es innegable cierta influencia negroide…” (Zanutelli: 1999)
Hay que resaltar que hay una fuerte influencia negra en nuestra música popular, la cual empieza a marcarse en los tiempos coloniales pero se hizo más fuerte en el siglo republicano.
Por otro lado, tenemos al popular Vals peruano. Para conocer un poco acerca de la historia del mismo debemos tener en cuenta sus antecedentes, y estos se remontan al concepto de Waltz. El Waltz o vals (Walzer en Alemán) significa girar y deriva de los landler, danzas montañesas y rústicas del sur de Alemania y de Austria, bailadas (en los siglos XII y XIII) en un lento compás de tres tiempos, con las parejas que giraban en el sitio . Adicionalmente, tomando como referencia a Manuel Acosta Ojeda, quien es un compositor de importantes valses peruanos y, a la vez, estudioso de la música popular, cuenta que el Vals de Viena llegó a Lima en el siglo XIX, aproximadamente en 1850, pero que en Arequipa ya conocían al Vals por el año 1815. Por otro lado, se sabe que el "Vals Vienés" había empezado a hacerse conocido y extenderse a finales del siglo 18, pero es a inicios del siglo 19 que el vals vienés fue introducido en Inglaterra. Las tropas de Napoleón Bonaparte lo llevaron a Francia a inicios del siglo 19 y de allí empezó a extenderse por toda Europa. Fue recién en el siglo 19 cuando el vals vienés alcanzó su consagración máxima con Johann Strauss (padre) y Josef Lanner a quienes consideran los creadores del vals.
Ya introducido el vals en el Perú va tomando un estilo propio y particular. Alonso Cueto en su libro “Valses, Rajes y Cortejos” nos cuenta en qué se basaban los memorables valses peruanos y la fuerte presencia de las lamentaciones:
“En muchos valses, sabemos la historia de alguien que sufre y se somete a un destino, escuchamos retratos del enfermo y el oprimido, cantos convertidos en gemido y queja. Sus letras expresan con frecuencia el gesto elegante de un sentimental que ha inclinado la cabeza frente al destino. El vals (…) no quiere cambiar el mundo (…) es una lamentación esbozada de dulzura, de ternura y de ironía festiva en medio del dolor (…)” (Cueto:2005)
Al mismo tiempo, el autor relata brevemente sobre su origen diciendo que se sabe muy poco acerca de este pues existen muchos datos sueltos. Aparentemente, hay una polémica sobre su origen, donde algunos creen que fue por la llegada de las zarzuelas a comienzos del siglo, antes de la aparición del vals vienés.
Una de las figuras más destacadas de esta corriente es Felipe Pinglo Alva (1899-1937) quien logra que el vals peruano consiga una gran difusión popular y, al mismo tiempo, es considerado padre de la música criolla. Entre sus obras destacadas están "El Plebeyo", "El Huerto de mi Amada", "Mendicidad", "La Oración del Labriego", "Sueños de Opio", "El Canillita", "Pobre Obrerita", "Pasión y Odio", "Rosa Luz", "El Espejo de mi Vida", "Hermelinda", "Bouquet", "Amor Traidor", "Melodías del Corazón", "Celos", entre otros.
Bibliografía
CUETO, Alonso. Valses, rajes y cortejos (2005) Ediciones Peisa. Lima, Perú
ZANUTELLI, Manuel. Canción criolla: Memoria de lo nuestro (1999)
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